Doce apuntes del draft

1. Philadelphia tiene por fin a su Big Three. Que según ellos es Big Four porque meten también en el ajo a Saric, de hecho Embiid ya parió la expresión FEDS (Fultz, Embiid, Dario, Simmons) para redefinir a su cuadrilla. Pinta maravillosamente, qué duda cabe, pero yo no puedo evitar recordar a mi abuela cuando decía (cada dos por tres lo decía) que lo importante es tener salud. Y tanto. Imagino que Markelle a estas alturas ya andará con la mosca detrás de la oreja, no vaya a ser que le afecte a él también ese famoso virus Sixers que dejó en el dique seco (perdón por la cursilada) a sus cómplices durante toda una temporada, cuando no dos. Ando ya salivando ante la perspectiva de ver jugar a los tres juntos, sé que será una delicia absoluta (tanto más con lo buenos pasadores que son todos ellos, que es algo que a mí me pierde). Sólo espero que esa delicia se produzca antes de 2020.

2. Pero pongámonos en lo mejor, pongámonos en que tengan (por fin) salud. Si yo estuviera en la gerencia de los Sixers perdería los estribos por fichar a un par de ganadores natos, los que fuera. Dos veteranos que llevaran muchas más victorias que derrotas en su currículum y a los que jamás les diera igual perder. Dos tíos que tiraran del carro, en suma. La ecuación se explica por sí sola: durante toda esta pasada temporada Fultz no hizo más que perder en la Universidad de Washington, durante la anterior Simmons no hizo más que perder en LSU, a su vez Embiid casi no hizo otra cosa que perder durante los 31 partidos que jugó este curso con los Sixers. Fultz y Simmons no ganan con asiduidad desde sus ya lejanos días de instituto, Embiid no lo hace desde sus no menos lejanos tiempos de Kansas, casi una eternidad. En este juego (y en cualquiera) no hay cosa peor que acostumbrarte a perder y convertir la derrota en rutina, por eso les vendrá bien que alguien les recuerde (más allá de números, cabriolas y arabescos varios) qué es lo que verdaderamente importa.

3. Tal como estaba previsto los Lakers finalmente eligieron a Lonzo Ball… o no, o acaso fuera Lonzo Ball quien eligió a los Lakers. Puede que ésta haya sido la primera vez en la historia que un jugador elige a un equipo, puede que así a lo tonto la familia Ball haya inventado el draft inverso. Lonzo (qué les voy a contar que no sepan ya) es un base superlativo, acaso el mejor pasador que hayamos conocido y vayamos a conocer en mucho tiempo. Pero Lonzo lleva también una cruz a cuestas y raro será que no le toque pagar por ella, sobre todo en este primer curso. Raro será que no se le aparezca cada noche el Kyrie de turno (el ejemplo NO está escogido al azar, repasen hemerotecas) a ponerle en su sitio, a entregarse mucho más a fondo que si su rival fuera otro base cualquiera en otro partido cualquiera. Lonzo es ya a estas alturas el jugador más odiado de la NBA, y ello cuando aún no ha jugado un solo minuto ni firmado un solo contrato en dicha Liga. Y es curioso porque su carácter nada tiene que ver con el de LaVar, lo que el uno tiene de (digámoslo así) extravertido lo tiene el otro de SIESO, con mayúsculas. Pero hasta que llegue el día en que decida matar al padre (entiéndase en un sentido figurado y meramente freudiano, por favor) le va a tocar comerse con patatas todas las extravagancias de su querido progenitor.

4. Más allá de Lonzo (y su circunstancia), los Lakers escogieron a Kyle Kuzma, Josh Hart y Thomas Bryant, que es tanto como decir que escogieron a un tío que me deja más bien frío, otro que me entusiasma y un tercero que me horripila. Me entusiasma el ex wildcat: fluidez, intensidad, implicación, entrega, talento, el pegamento que cualquier equipo necesita; y me horripila el ex hoosier. Bryant llegó hace dos años a Bloomington mostrando unas aptitudes físicas envidiables, unas aptitudes técnicas nada desdeñables y unas aptitudes psíquicas nulas, que se ponían de manifiesto en cuando le sucedía la más mínima contrariedad. Pero había jugador, y aún más lo habría seguido habiendo si se hubiera trabajado adecuadamente con él. Tom Crean decidió jugar abierto y reconvertirlo en cuatro (en cuatro abierto, valga la redundancia), acaso con el convencimiento de que eso incrementaría su repertorio y mejoraría sus posibilidades de cara a la NBA. Craso error. Hay jugadores que gracias a ese proceso consiguen ser dos cosas, pero hay otros que consiguen ser ninguna: no es ya que no añadan algo nuevo sino que pierden además lo que ya traían de serie. Hoy Thomas Bryant ya no sabe lo que es.

5. Sigo en Los Ángeles, pero cruzo de acera. Dentro de lo malo (que no tuvieran ninguna elección en primera ronda, que Paul y/o Griffin parezcan ya más fuera que dentro de la franquicia) bien pueden darse con un canto en los dientes, aunque duela. Maniobraron (chequera mediante) para garantizarse un par de elecciones de segunda ronda, y fueron a encontrarse en el puesto 39 a un base como Juwan Evans (pequeñito pero matón, de esos a los que todo dios infravalora por su talla pero que al final acaban ganándose una sólida reputación en la Liga) y en el 48 a un competidor irreductible como Sindarius Thornwell. Todo un lujo, dadas las circunstancias. Las penas con pan son menos, pase lo que pase este verano aún les quedará el consuelo de acoger a un par de potenciales ídolos con los que volverse (más o menos) a ilusionar.

6. Un poco más al norte, en Sacramento (acaso una de las franquicias peor gestionadas de estos últimos lustros), deberían estar por fin como unas castañuelas. Querían a Fox y a Fox tuvieron, y sin necesidad de recurrir a extraños tejemanejes (llegaron a plantearse traspasar su elección por la 4 e incluso la 3, cuando parecía evidente que les llegaría de sobra en la 5) para conseguirlo. Pero es que además se sacaron al fascinante Justin Jackson (puro lujo) y al frágil y quebradizo Harry Giles, típico espécimen del que cada vez que le veamos (si es que le vemos) hacer un giro pensaremos que se nos puede romper. Y la propina: el jugador del año Frank Mason, que ahora por esos azares del destino se va a encontrar con el anterior jugador del año Buddy Hield, quién se lo iba a decir a ellos cuando protagonizaron aquellos inolvidables duelos de la 2015/2016. Las vueltas que da la vida.

7. Los Celtics han elegido a Bird. Si, no me pongan esa cara, casi cuarenta años después los Celtics han vuelto a escoger a Bird, si no se lo creen vayan a la posición 56 del draft (nada menos) para comprobarlo. Descubrirán así que éste no se llama Larry (qué más quisieran) sino Jabari. Y que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

8. Sabía yo que los Knicks escogerían a Ntilikina (Knicklikina, deberíamos llamarle a partir de ahora). Vamos, que no tenía ninguna duda. No porque tenga yo poderes ni informadores ni filtraciones de ninguna clase, sino por la propia idiosincrasia de la entidad. Conozco a mis clásicos, y sé que está en su naturaleza escoger siempre al jugador más lejano y extraño posible para provocar los abucheos de su fanaticada congregada para la ocasión. Al fin y al cabo el aficionado de los Knicks es como la Castilla de Machado, como cualquier forofo en cualquier lugar del mundo: desprecia cuanto ignora. Así pasó con Porzingis, si bien en aquella ocasión algunos jugábamos con ventaja porque sabíamos (desde la distancia) que NO se habían equivocado. Así ha vuelto a pasar ahora, pero permítanme esta vez el beneficio de la duda. Desde la ignorancia, sí; pero también desde el perfecto conocimiento de Smith o Monk.

9. Hablando de los Knicks y de Porzingis (y metiéndome en camisas de once varas, que exceden al ámbito de esta web): ¿de verdad que era necesario montar ese sainete en las horas previas al draft? ¿De verdad que aquel sujeto que apaciguó en su día los desmedidos egos de Jordan y Pippen o los de Kobe y Shaq, aquel mismo sujeto que fue capaz de reconducir caracteres tan complejos como los de Rodman o Artest, iba a echar ahora por tierra el idilio neoyorquino con Porzingis por un quítame allá esas pajas, por un mosqueo puntual y una inasistencia a una reunión? ¿Qué fue de aquel Maestro Zen que regalaba libros y se llevaba a sus jugadores a conocer las montañas, aquel que a base de psicología era capaz de arreglar cualquier situación por peliaguda que ésta fuera? ¿Tanto estrés te procura la Gran Manzana, por contraposición a la calma que debía emanar del Lago Michigan o de las soleadas playas de California, no digamos ya de su rancho de Montana? ¿Tan diferente es el trabajo de ejecutivo al de entrenador? ¿O es simplemente que la edad no perdona, a nadie, ni a los más grandes siquiera?

10. Este artículo (o lo que sea) NO pretende ser un análisis exhaustivo de presuntos aciertos y errores de todas y cada una de las franquicias (que no doy para tanto), pero aún así permítanme que consagre un párrafo a mencionar muy de pasada un puñado de cosas que me gustan: me gusta que Orlando eche el resto por Jonathan Isaac (que le tuvieron bien cerca en la universidad) a ver si así por fin averiguo qué versión es la buena, la que me cautivó en varias noches maravillosas o la que a veces tuve que rebuscar para saber si estaba o no sobre la pista; me gusta que Milwaukee apueste por D.J. Wilson (caso asombroso, de cero a cien en apenas tres meses); me gusta que Memphis salvara su noche con dos tíos venidos a menos que en cualquier momento pueden venirse a más, Ivan Rabb (que un día soñó con ser de lotería) y Dillon Brooks (que un día soñó con ser jugador del año NCAA); me gusta que Indiana reproduzca en su seno a la pareja interior de UCLA (Leaf-Anigbogu, el día y la noche, y no sólo por su color de piel) y que no dé pábulo a la presunta lesionabilidad de Edmond Sumner; me gusta, en fin, que Detroit vea en Kennard algo más (mucho más, de hecho) que un mero tirador.

11. Hace semanas solté aquí una ristra de nombres que se habían apuntado al draft y que no sabía muy bien a qué aspiraban ni qué pintaban en él. Aquel párrafo mencionaba a tíos que finalmente fueron escogidos en las profundidades de la segunda ronda (y yo bien que me alegro, esperemos que les dure), pero mencionaba también a otros cuyo nombre no se escuchó ni por casualidad en aquella ceremonia. Por citar sólo algunos: Melo Trimble (en su año freshman pudo ser hasta lotería, lo cual ahora ya no tiene remedio), Xavier Rathan-Mayes, Jonathan Motley (si hace meses me dicen que no iba a ser escogido en el draft no me lo habría creído), tantos otros, como me da pereza citarlos a todos déjenme que copie y pegue: ¿A qué aspira el ex arizónico Chance Comanche, a no ser que se crea que por el mero hecho de tener un nombre tan guay las franquicias van beber los vientos por él? ¿Dónde van (pregunta retórica) Blakeney, Mika, Peak o Kapita? ¿Quiénes son (aún más retórica) Darin Johnson, Josh Robinson, Matt Taylor, Trevor Thompson o Marcus Keene? Fin de la cita. Ahí están, compuestos y sin novio, sin NCAA y sin NBA al menos por ahora, esperando a ver si alguna franquicia se apiada de ellos y les da bola en Las Vegas el próximo mes. Me temo que para este viaje no les hacían falta alforjas.

y 12. Déjenme terminar con el robo del draft, así, sin red, para que me lo puedan tirar a la cara dentro de unos años. Los Warriors no tenían nada que rascar, no tenían ni elección siquiera, bastante tenían con celebrar su nuevo anillo como para preocuparse de esas fruslerías. Pero hete aquí que alguien debió decir, oye, que si se nos van Zaza y JaVale (y aunque no se nos vayan) lo mismo nos va a hacer falta algo serio por ahí dentro. Dicho y hecho. Aflojaron una pasta gansa a los Bulls (vaya nochecita la de Chicago), se compraron la elección número 38 y desde ahí fueron a escoger exactamente a la horma de su zapato. Si me hubiesen preguntado antes del draft qué pívot de todo el catálogo me parecía más apropiado para el baloncesto de los Warriors, creo que hubiese contestado sin lugar a dudas Jordan Bell. Limitado en ataque (cada vez menos), sí. Pero ligero cual pluma, corre la cancha que da gloria verlo y es capaz de aburrir hasta a su madre en defensa. Los Warriors seguirán abusando del small ball (porque pueden) y disfrazando a Draymond de cinco, pero cuando prefieran un quinteto más tradicional ahí estará Jordan Bell para darles lo que (casi) ningún otro interior. Al tiempo.

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