El fin de la NCAA clásica: Jalen Green jugará en la G-League

El fin de la NCAA clásica: Jalen Green jugará en la G-League

Al final saltó la noticia que estuvo rumoreándose desde hacía unos días: el prometedor Jalen Green (mejor jugador de la camada de 2020 para ESPN) acabó anunciando su marcha a la G-League dejando de lado sus opciones universitarias en la NCAA Division I, donde las universidades de Auburn y Memphis llamaban a su puerta.

Prácticamente a continuación del anuncio de Green se sucedieron dos momentos cruciales que pueden poner en jaque a toda la organización de la NCAA, sentando unos precedentes que pueden hacer mucho daño a la comunidad universitaria: la marcha de otro cinco estrellas como Isaiah Todd a la competición tras romper su compromiso con la universidad de Michigan y -sin duda la más elocuente- la creación por parte de la G-League (la NBA, no lo olvidemos) de un nuevo equipo con sede en el sur de California con el objetivo de que futuras estrellas de la NBA como Green o Todd se desarrollen de acuerdo a un plan de acondicionamiento trazado por la propia NBA, pero un equipo sin ningún tipo de afiliación con franquicias NBA como sucede con el resto de conjuntos de la liga.

Mucha gente igual no se ha dado cuenta del todo, pero este 16 de abril de 2020 puede acabar marcado en rojo en la historia como el día en que la NCAA -tal como la conocemos- puso su último ladrillo.

La NBA le echa un pulso a la NCAA

En esta vida (casi) todo gira en torno al dinero, y la NBA se ha aprovechado de la terquedad de la NCAA todos estos años para ofrecer algún tipo de remuneración económica a sus estudiantes-atleta para ponerles en jaque. Una NBA que, recordemos, hace ya muchos años evitó que las estrellas de High School volviesen a ser elegibles en el NBA Draft, obligándoles a tener 19 años y a seguir un camino que -en la mayoría de casos- pasaba por la universidad, salvo opciones alternativas como realizar un año de post-graduado en una Prep School u optar por opciones profesionales como Europa, Australia o la propia G-League.

La era de los one-and-dones comenzaba, y de eso se aprovechaba también la NCAA que veía como su interés crecía notablemente entre el público con la llegada de sus grandes estrellas pre-NBA a sus programas universitarios. Y eso se traducía, nuevamente, en más dinero para la competición en forma de un incremento en el número de entradas, más ingresos por publicidad, explotación de los derechos de los jugadores y dinero ingresado por los derechos de televisión. De nuevo el gran perjudicado volvía a ser el estudiante-atleta, que veía como la NCAA notaba un importante aumento de su presupuesto a costa de ellos, que seguían sin ver un solo dólar. Por no hablar de la decena de casos de corrupción desde entonces, aunque eso es otro tema donde no me voy a meter.

Los estudiantes-atletas se echaban encima de la organización. Y ya no solo estudiantes-aletas, sino jugadores de la NBA y otras competiciones deportivas criticaban duramente al sistema por el aprovechamiento que se hacía de los estudiantes amateurs para enriquecer a la NCAA. Este debate enseguida tuvo un efecto poco deseado para la propia NCAA, y es que algunos gobernadores (los de California y Florida fueron los pioneros) decretaron leyes estatales para obligar a la NCAA a hacer que los jugadores pertenecientes a universidades de sus estados cobrasen por sus derechos de imagen. Una patada directa a la boca del estómago del sistema universitario. La NCAA cedió, posponiendo su decisión hasta… quien sabe si ahora.

Adam Silver vuelve a destapar la caja de los truenos.

Una alternativa formativa a la NCAA

La NBA lleva años tratando de encontrarle un sentido mucho más pronunciado a su liga de desarrollo, más allá de servir como desarrollo de jugadores jóvenes que no terminan de encontrar acomodo en la NBA. La nueva propuesta de Shareef Abdur-Rahim (presidente de la G-League) es la de crear este nuevo equipo en California -curiosamente de la zona de donde es Jalen Green- cuyo objetivo es la de formar a estas futuras estrellas NBA. Un nuevo equipo, como he comentado, sin ningún tipo de afiliación a ninguna franquicia NBA.

El objetivo es claro: la NBA quiere tener en sus manos cuanto antes a la próxima generación de estrellas baloncestísticas, haciendo de este nuevo equipo californiano una pre-NBA donde poder desarrollar a estos jugadores frente a jugadores profesionales (ex-estrellas de la NCAA en su mayoría, no lo olvidemos) de un nivel más elevado que el que encontrarán si fuesen a jugar a la NCAA. Y para el jugador de 18 años es toda una oportunidad de oro: liberarse de la obligación de estudiar sin tener ninguna motivación académica, la obtención de un salario digno por jugar al baloncesto (se habla de más de medio millón de dólares para Jalen Green, mucho más de lo que ingresa cualquier jugador profesional de G-League hoy en día), todo un año para prepararse a conciencia para el próximo NBA Draft ante estos jugadores profesionales que les ayudarán en su desarrollo; y la posibilidad de poder (al fin) firmar contratos publicitarios con todo tipo de marcas que le permitan un notorio ingreso en su cuenta del banco. Además, matan dos pájaros de un tiro evitando la fuga de talentos nacionales hacia Europa, China o Australia.

Por lo que comentan periodistas de la talla de Shams Charania, Adrian Wojnarowski o Jonathan Givony, este programa de desarrollo en el que entrarán estos jugadores de High School a través de este nuevo equipo proporcionará no solamente entrenamientos y duelos ante los equipos profesionales de la G-League, sino también frente a selecciones internacionales o academias de baloncesto de todo el mundo. Y todo ello con un cuerpo técnico de primer nivel (se rumorea que Sam Mitchell podría estar metido en el ajo) como cualquier otro equipo de baloncesto profesional.

Habrá que estar atentos a cual será la postura de la NCAA al respecto. El golpe recibido ha sido muy duro desde las oficinas de Adam Silver, y ahora tendrán que mover ficha para evitar que la sangría sea todavía mayor.

¿La solución? El dinero es la clave

El sistema universitario ha sido durante muchas décadas claro en este asunto: todo jugador que ingrese en la universidad en el momento de firmar su National Letter of Intent (NLI) se compromete a acatar el reglamento universitario, que pasa por ser un deportista amateur y a no percibir -ni haber percibido en el pasado- ningún tipo de remuneración económica al respecto.

El jugador conoce esta normativa -un poco cuadriculada y poco adaptada a los tiempos que corren, también es verdad- y sabe que si entra en una universidad cuyo programa deportivo esté gestionado por la NCAA es porque sabe lo que va a encontrar en él. Pero los tiempos cambian, y la NCAA debe amoldarse a la realidad que está viviendo, donde los estudiantes amateurs de antaño son ahora futuros jugadores profesionales que otorgan un gran valor a la competición.

Una de las grandes preguntas a hacerse sería: Si la NCAA va a permitir que los jugadores perciban algún tipo de remuneración, ¿cómo se va a gestionar? Y más preguntas surgen a partir de ésta: ¿Los equipos de Major Conferences merecen cobrar más que los de Mid-Majors? ¿La estrella del equipo más que el duodécimo de la rotación? ¿Cobrará lo mismo un jugador de football que uno de baloncesto? ¿Y qué ocurre ahora con las becas deportivas? No es fácil contentar a todo el mundo.

La NCAA debe empezar a delegar aspectos como la explotación de los derechos de imagen o la firma de contratos con marcas ajenas a la NCAA por parte de los estudiantes-atletas si no quiere que las próximas clases de reclutamiento de 2021 y 2022 acaben siendo manejadas por Shareef Abdur-Rahim y Adam Silver. La NCAA sigue siendo un escaparate espectacular para los jugadores que se presentan cada año al NBA Draft, y por ello a estos estudiantes-atletas se les tiene que tener en cuenta y se les tiene que cuidar. Son el producto de una gran empresa llamada NCAA.

Cómo empiezan a decir ya por muchos medios: el juego ha cambiado. La NCAA debe coger el toro por los cuernos si no quiere que la competición se acabe mermando por culpa del dinero, y los prospects dejen de querer ir a la competición en busca del suculento premio que la G-League ofrece.

Una de las competiciones más maravillosas que tiene este deporte que puede ver como muchas de las futuras estrellas NBA acaban dando el salto directamente a la G-League sin pasar por la NCAA. Todo por un puñado de dólares.

 

Imagen de portada: Getty Images

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