Los cinco chicos que lo cambiaron todo

Los cinco chicos que lo cambiaron todo

El baloncesto universitario parece estar unos años por detrás del profesional en varios sentidos, especialmente en cuanto a reglas: dos partes de 20 minutos en lugar de 4 cuartos de 10, 30 segundos de posesión, línea de triple a 6,32 metros…

A principios de los 90 la situación era prácticamente idéntica. Al ya comentado atraso en las reglas, se le añadía un retroceso a nivel estético en una época convulsa y repleta de cambios donde la modernidad y la apariencia eran cada vez más importantes. Mientras que los jugadores de la NBA, liderados por Michael Jordan, comenzaban a cambiar su vestimenta, huyendo de las clásicas Converse para calzarse Nikes negras y vestir pantalones anchos, los jugadores universitarios seguían vistiendo pantalones muy cortos y zapatillas blancas, que por aquel entonces parecían propias de una época prehistórica.

Como en toda revolución, siempre hay algún líder que lleva la voz de mando. Y del mismo modo que Michael Jordan y el apoyo económico de Nike revolucionaron la NBA con la ya por todos conocida historia de las Air Jordan negras, a finales de 1991 el Crisler Center de la universidad de Michigan vería como cinco freshmen iniciarían una revolución que trascendería más allá de las canchas, puesto que afectaría también a la economía y principalmente, a la cultura.

“Vamos a sorprender al mundo”

Tras la ganar el título en 1989 como entrenador interino, los dos primeros años de Steve Fisher al mando de los Wolverines no cumplieron las expectativas: en 1990 cayeron ante la Loyola Marymount de Paul Westhead, conocida por su frenético y dinámico baloncesto, y en 1991 ni siquiera jugaron el March Madness. Es casi ley de vida, el mejor momento para dar un auténtico golpe de timón y cambiar el rumbo es cuando ya no hay ninguna esperanza.

Siguiendo esta máxima, Steve Fisher y su equipo de reclutadores decidieron jugar todas sus bazas al futuro y firmaron a cinco jugadores que se encontraban en la lista de los cien mejores jugadores de instituto del 1991. Jugó a su favor que Chris Webber (#1) y Jalen Rose (#5), dos de los mejores jugadores de esa lista e íntimos amigos, nacieron y crecieron en el estado de Michigan, pero los esfuerzos que el equipo de Fisher tuvo que hacer para que firmaran con su programa en lugar de otros programas como Michigan State fueron titánicos. Estos dos jugadores fueron la guinda de un pastel que ya tenía a Juwan Howard (#4), Jimmy King (#9) y Ray Jackson (#84). A estos cinco recruits, hay que sumarle jugadores bastante interesantes como James Voskuil y Rob Pelinka (dos tiradores que abrían la cancha, complemento perfecto al juego físico y dinámico de los Fab Five) o Eric Riley, un siete pies que “compensaba” la movilidad de Chris Webber y Juwan Howard.

Cuando comenzó la temporada, únicamente Jalen Rose, Juwan Howard y Chris Webber eran titulares, realizando buenos números. El 9 de febrero de 1992, en un partido frente a los Fighting Irish de Notre Dame el entrenador Fisher decidió apostar definitivamente por los Fab Five, que en dicho partido anotaron todos los puntos del equipo. Desde ese momento, no dejarían de ser titulares indiscutibles y aprovechando su imponente despliegue físico, practicaron un juego rápido y ofensivo que enganchaba a los aficionados pero que la prensa especializada y los puristas odiaban. Con un récord de 20-8 a final de la temporada regular, entraron al March Madness con el seed nº6, por lo que su camino a la final no sería para nada fácil.

En primera ronda se enfrentaron a Temple, un equipo que les puso en bastantes apuros y que contaba con Eddie Jones y Aaron McKie, dos jugadores que posteriormente harían una buena carrera en la NBA. En segunda ronda se verían las caras con los Buccaneers de East Tennessee State y en las semifinales regionales con los Cowboys de Oklahoma State, dirigidos por Eddie Sutton y con jugadores como Bryant Reeves, Byron Houston o Milton Brown. En la final regional, vencerían en la prórroga a los Ohio State Buckeyes de Jim Jackson, Chris Jent y Lawrence Funderburke y se enfrentarían a los Cincinnati Bearcats en su primer partido en la Final Four. El equipo dirigido por Bob Huggins y que contaba con el otrora NBA Nick Van Exel como una de sus principales estrellas planteó un partido bronco, con una presión a toda cancha que dificultó el juego de transición de los Wolverines, aunque finalmente vencieran por 76 a 72 y se verían las caras con los Duke Blue Devils, campeones el año anterior y que tenían en sus filas a Christian Laettner -estrella universitaria del momento- Grant Hill, Bobby Hurley y “Cherokee” Parks. Los dirigidos por el Coach K demostraron ser mejor equipo que los Fab Five y consiguieron cortar las redes, pero Michigan logró algo bastante más importante que un título: consiguieron que se hablara de ellos. En definitiva, sorprendieron al mundo.

Beneficios y contras de la fama

Los Wolverines fueron el equipo del que más se habló en todo 1992. Y toda esa repercusión se tradujo en dinero. Dinero que los jugadores no vieron –por todos conocidas son las estrictas reglas de la NCAA: ningún jugador puede recibir cualquier retribución, sea del tipo que sea.

Los jugadores se dieron cuenta de que se habían convertido en una máquina de hacer dinero: los Wolverines multiplicaron exponencialmente sus ingresos de merchandising y Chris Webber, Juwan Howard y Jalen Rose serían la imagen de muchas marcas. Hartos de esta situación, decidirían ser abanderados de su propia cultura.

A principios de los 90, los afroamericanos vivían una situación convulsa. En Los Angeles se vivieron una serie de revueltas donde murieron unas 60 personas después de que cuatro policías fueran absueltos por un jurado compuesto íntegramente por blancos tras darle una paliza –documentada en imágenes de videoaficionados- a Rodney King, un joven de 27 años que huía de ellos.

Asimismo, grupos como Public Enemy o N.W.A. eran la banda sonora de muchos jóvenes afroamericanos, que abrazaban la estética del rap y el hip-hop. Los Fab Five no serían menos y en muchas entrevistas declararon su amor a esos grupos y vestirían ropa que todos asociamos con la estética rapera: pantalones anchos y zapatillas negras –que pese a ser un objeto repudiado por los puristas, se convirtió en un superventas. Hartos de convertirse en reclamos comerciales, los Fab Five se revelarían y comenzarían a llevar calcetines negros o camisetas azul oscuras lisas. Su mensaje era claro: estaban hartos de que su cara apareciese por todos lados y no recibiesen ni un centavo.

Pero el ser tan reconocidos también tuvo su lado bueno. Antes de verse las caras con los Temple Owls en el March Madness, conocieron a Muhammad Ali, que les alentó a no disculparse por ser ellos mismos: por su personalidad, tener confianza y ser agresivos. Además, los integrantes de los grupos antes mencionados también reconocerían su mutuo respeto a los Fab Five. No está nada mal para ser un grupo de chavales de 20 años.

La temporada fantasma

A nadie le importaba ya que lo logrado el año pasado fuese una auténtica gesta. Un quinteto formado íntegramente por novatos había conseguido superar todas las expectativas y llegó a la gran final. La gente en general y una prensa que exigía resultados a un equipo que consideraban “sobrevalorado” presionó al equipo y creó un clima de tensión que podía afectar al grupo, pero en marzo el equipo volvió a plantarse en el March Madness y llegaría nuevamente a la Final Four.

Allí se enfrentarían a los Kentucky Wildcats de Rick Pitino, que contaba con jugadores como Tony Delk y Jamal Mashburn. Tras vencer por 81 a 78 en la prórroga, se enfrentarían en la final a los North Carolina Tar Heels de Dean Smith. En un apretado partido, North Carolina iba por delante en el último minuto de partido. Con el marcador reflejando un 72-71, los Tar Heels se abren y comienzan a pasarse la pelota, como todo equipo vencedor. Es entonces cuando Rob Pelinka fuerza la falta a Pat Sullivan para que lance tiros libres. El base de los Tar Heels anota el primero y falla el segundo y Chris Webber coge el rebote. Con el balón en las manos, busca a Jalen Rose para que suba la pelota pero no le encuentra, así que decide subir la pelota por su cuenta. Hace pasos, los árbitros no se dan cuenta y consigue llegar a la cancha contraria, donde recibe una defensa 2 contra 1 de North Carolina. En ese preciso instante se revuelve y solicita Tiempo Muerto. El juego se para, pero no debido al tiempo que solicitó, sino porque el árbitro pitó Técnica. Error clamoroso: a Michigan no le quedaban tiempos muertos. La posterior carrera profesional de Chris Webber quedaría marcada a partir de ese momento. North Carolina no desaprovechó la oportunidad y acabó ganando el campeonato.

La última vez que veríamos a los Fab Five juntos sobre una cancha sería aquélla. Chris Webber, posiblemente decidiría apuntarse al Draft aquel año y los Orlando Magic lo elegirían en 1ª posición, traspasándolo de inmediato a los Golden State Warriors a cambio de Anfernee Hardaway. Desarrolló una carrera de casi 15 años en la NBA, alcanzando sus mayores éxitos en los Sacramento Kings a principios de siglo.

Pero esta temporada sería borrada de los récords de la NCAA en 2002, cuando tras varios años de investigaciones, se descubrió que Chris Webber y otros cuantos jugadores de años posteriores como Louis Bullock o Robert Traylor habían recibido dinero de Ed Martin, un mecenas de la universidad de Michigan. Debido a esta violación de las reglas, el comité de la NCAA cortó por lo sano y borró los récords de absolutamente toda la temporada. El hecho de recibir dinero a escondidas se vio agravado por las mentiras de Chris Webber ante el tribunal de la NCAA, por lo que en 2003 fue sancionado con la imposibilidad de asistir a cualquier evento organizado por la universidad durante 10 años.

Juwan Howard y Jalen Rose continuaron un año más, con ganas de redimir el error de la temporada anterior, pero no alcanzaron el éxito de las dos temporadas anteriores. En el March Madness cayeron en el Elite 8 ante los Arkansas Razorbacks bajo la atenta mirada del por aquel entonces presidente Bill Clinton. Ese mismo día, ambos jugadores anunciaron su intención de presentarse al draft de la NBA. Jimmy King y Ray Jackson decidieron continuar hasta que se graduaron en 1995 y su carrera posterior no tiene muchas luces. Jimmy King llegó a jugar 64 partidos en la NBA con varias franquicias mientras que Ray Jackson decidió jugar en la CBA, donde fue rookie del año en 1996.

Legado posterior y controversias

Es innegable afirmar que los Fab Five cambiaron el baloncesto universitario. La cultura hip-hop se instaló definitivamente en el por aquel entonces anquilosado y atrasado deporte de college. Tal y como ellos mismos dijeron, esto les valió numerosas críticas de los sectores más conservadores de Estados Unidos, tanto de la prensa -que los consideraban una mala influencia para los niños- como de antiguos estudiantes de Michigan, que escribieron cartas amenazantes al entrenador Fisher, insistiéndole en que no volviese a poner a ninguno de esos jugadores nunca más. Además, hubo rumores de que varios compañeros se sintieron celosos por la preferencia que sentía Steve Fisher hacia los Fab Five, lo que acabó afectando a su futura carrera profesional.

Como todo en esta vida, nada puede gustar a todos.

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