Ohio State y una remodelación prematura

La marcha del mítico Thad Matta, probablemente el entrenador más laureado de la historia del programa, abrió un enorme hueco en uno de los grandes programas históricos de la competición como Ohio State. La decisión de Gene Smith, director deportivo de la universidad, no fue nada sencilla, decidiendo apostar por la reconstrucción total del mismo antes que generar un proyecto más estable y continuista que siguiera los pasos de su antecesor, a través de algunos de sus asistentes.

Smith admitió que Matta le había fallado al programa, tanto a nivel de resultados estos últimos años, pasando de ser uno de los conjuntos top a nivel nacional a terminar durante varios años en una zona de confort dentro de la Big Ten, impropia de un equipo de su fama y trayectoria; y lo que es más importante, sin participar en el NCAA Tournament. También ha fallado a nivel de reclutamiento, ya que los grandes recruits del estado habían dejado de confiar en los Buckeyes. Un estado de Ohio que, de hecho, siempre se ha caracterizado por ser muy prolífico en cuanto a talento baloncestístico.

«Thad y yo teníamos un buen plan para el verano», llegó a decir en una entrevista Gene Smith el pasado verano, «pero el reclutamiento era una parte importante de ese plan. No estábamos ganando las batallas para reclutar, pero pensé que podríamos tener la oportunidad de ganar. Cuando empezamos a hablar de eso … el flujo de la conversación me llevó a la realidad de que tal vez era hora de hacer un cambio de liderazgo».

El resto ya sabemos cómo siguió: el despido de Matta –aquejado también por sus importantes problemas de salud– jugadores que llevan sus restantes años de elegibilidad a otras universidades que le garanticen cierta importancia en el roster en forma de minutos, recruits que rompen su compromiso con los Buckeyes en busca de otro programa que le garantice mayor proyección a corto plazo y unos aficionados que poco a poco han dejado de ir a un Value City Arena que ha vivido tiempos mejores.

Con una Ohio State en una de las situaciones más frágiles de su era moderna llegó Chris Holtmann, un joven entrenador que ya conocía la zona –había sido asistente de los Bobcats de Ohio años atrás– y que comenzó a hacerse un nombre al amparo de Brandon Miller en Butler hace apenas cinco años. Tardó un año en hacerse con el equipo de manera interina, para posteriormente dirigirlo al cien por cien y acabar con un más que meritorio récord de 70-31, llegando el pasado al Sweet Sixteen del NCAA Tournament con el Butler Way por bandera.


 

Con veinticuatro millones de dólares en el bolsillo y la seguridad laboral que deja un larguísimo contrato de ocho años, Holtmann se alzaba como el 15º entrenador de la historia del programa. Y lo que iba a ser un primer año de reconstrucción y de asentamiento en su nuevo equipo, Holtmann está ganando enteros para ser considerado el mejor entrenador de la Big Ten Conference gracias a su tremendo inicio de temporada.

Sólo cuatro caídas en este inicio: una clara ante Gonzaga en el debutante PK80, un emocional enfrentamiento ante Butler también en el PK80 que se saldó con una canasta casi sobre la bocina de Kelan Martin, un perdonable traspiés ante North Carolina en el CBS Sports Classic y una derrota sin excusas ante Clemson en el Big Ten/ACC Challenge, su única derrota hasta ahora ante sus aficionados. Pero en la otra cara nos hemos encontrado a un renovado y compacto equipo que ha sabido sacar adelante un complicadísimo inicio de calendario en la conferencia, donde ya se ha llevado por delante a programas del nivel de Michigan State, Michigan, Maryland, Wisconsin y Iowa para encabezar la Big Ten junto a Purdue. Lo mejor de todo para ellos, que se han quitado de encima ya a muchos rivales directos para reinar en lo más alto de la conferencia, y dependen de ellos mismos para regresar al Top 25 nacional… y a un NCAA Tournament que ya respira sabor a Buckeye.

La renovación en la plantilla también ha sido esencial para conformar un bloque ganador y dispuesto a vencer a cualquier rival que se les ponga por delante. El versátil Keita Bates-Diop se ha erigido como líder de este equipo con la marcha de Marc Loving y la expulsión de JaQuan Lyle, y que es la principal razón por la que muchos scouts NBA han aparecido ya por Columbus. Sin duda el mejor prospect NBA desde D’Angelo Russell. Veremos cuantos años aguanta en el campus antes de ser seducido por la mejor liga del mundo. C.J. Jackson se ha hecho con el timón del equipo, transmitiendo solidez, seguridad con el balón y tiro exterior; mientras que Jae’Sean Tate aporta ese toque de experiencia a una plantilla muy joven, además de aportar un gran trabajo en la ofensiva desde cerca del aro y en estático, así como en la defensiva con sus enormes brazos. La intensidad en la zona de un prometedor freshman como Kaleb Wesson, la excelente muñeca de Kam Williams y hasta la reconversión de un Andrew Dakich que no tenía sitio en Michigan han contribuido para que estos Buckeyes se coronen en la conferencia con un inesperado 5-0 que promete, y mucho.

Quizás no fue hasta la gran victoria frente a Michigan State de hace unos días que no nos dimos cuenta del enorme potencial que tiene esta plantilla encabezada por Holtmann y Bates-Diop. Los Buckeyes están de vuelta, antes de tiempo y con las ilusiones recargadas.

Imagen: USA Today