Regurgitaciones

Hace muchos años (de todo empieza a hacer ya demasiados años), en un lejano foro de una no menos lejana web, alguien abrió un hilo con un título angustioso, la NBA nos come. Recuerdo que respondí que si diéramos por buena esa premisa, la NBA nos come, también habríamos de concluir que la NBA regurgita (no quise poner vomita, no fueran a revolvérsele las tripas) buena parte de lo mucho que se come. La NBA NO es un pozo sin fondo, en la NBA caben más/menos 450 tíos, básicamente el resultado de multiplicar el número de franquicias por el número de integrantes de cada franquicia. La NBA aprieta pero no ahoga, no te puede ahogar, por más que te quite siempre te reintegrará el suficiente aire como para volver a salir a flote.

Aquel hilo no hablaba de baloncesto universitario (qué más hubiera querido yo) sino de baloncesto ACB, pero tampoco resulta muy difícil trasladarlo a nuestra realidad cotidiana. Me explico: hace poco más de un mes nos sumimos en el llanto y crujir de dientes ante la huida masiva de yogurines en pos del draft. Nada que no sucediera todos los años por estas fechas, pero esta vez por alguna razón cundió el desánimo: no porque se fueran Fultz, Ball, Fox o Monk que ya sabíamos que eran aves de paso, sino porque se fueran tantos otros (bastantes más que de costumbre, en apariencia) cuya huida no parecía que tuviera ninguna razón de ser. Pero dónde van, pero a qué aspiran, pero si en un draft sólo caben sesenta tíos a razón de treinta por ronda, cómo no ven que no hay sitio para todos, se la van a pegar etc etc. Despotricábamos cargaditos de razón, con esa incapacidad genética que tenemos los seres humanos para ponernos en la piel del otro, para intentar entender sus razones. Eres apenas un crío, procedes acaso de una familia medianamente desestructurada, se te da bien esto, te ganas una beca, juegas durante un tiempo por (aparente) amor al arte, cobras en especie (educación, material deportivo y demás parafernalia, pero sin oler siquiera un dólar), se te sigue dando bien esto, tienes a tu alrededor a toda una cohorte de aduladores que no paran de recordarte lo bueno que eres y lo bien que podrías estar ya ganándote la vida, cumples diecinueve o veinte y no ves llegar el momento de ser adulto, piensas en ese coche último modelo y en esa casa para tu madre, ves a tu alrededor apuntándose al draft a tantos otros que no son mejores que tú y finalmente te preguntas por qué no, a ver si voy a ser yo el último gilipollas que me quede aquí mientras todos los demás se van a llevarse la pasta. Vete tú a hablarles de formación en tales circunstancias, ya verás qué poco tardan en mandarte a esparragar.

Claro está, luego llega el tío Paco con la rebaja (por qué se dirá esto), luego enseguida viene la cruda realidad a poner las cosas en su sitio. Básicamente hay dos categorías, 1) los que son carne de draft desde el insti y llevan el cartel de one & done tatuado en su frente desde la cuna; y 2) los que nos ocupan, los que se apuntan para testear las aguas como dicen por allá. Suena bien, testear las aguas, te los imaginas metiendo el codo en la bañera para ver si está caliente. Aunque en realidad el método es un poco menos científico si cabe, el método no va más allá de mirar mocks, escuchar a unos y a otros y asomarse si acaso a esa cosa nueva que llaman Combine para que les midan la envergadura y el salto vertical. Y ya. Algunos las ven tan claras (las aguas, me refiero) que hasta contratan a un sujeto (también llamado agente) para que les refrende lo claras que están; otros las ven tan turbias que te dicen no, ni hablar, yo ahí no me meto, ni de coña, ya probaré otra vez el año que viene a ver si bajan más limpias; y finalmente está la tercera categoría, aquellos que ven las aguas claras aunque para el común de los mortales resulte manifiestamente evidente que bajan turbias. No deben ser pocos si nos atenemos a los datos: una vez superada la fecha de corte sigue habiendo 64 criaturillas (freshmen, sophomores o juniors) apuntadas al draft, lo que no está mal si recordamos que en un draft sólo caben sesenta. Añádase a los seniors (que aún existen) y a los que lleguen de allende los mares y el resultado es que las cuentas no cuadran, ni de coña. Al final, como en tantos otros órdenes de la vida, todo se reduce a una mera cuestión de lucidez.

Por dejar las vaguedades e ir un poco más a lo concreto: ¿Qué les habría costado a Rathan-Mayes, Williams-Goss, Johnathan Motley, Kyle Kuzma, Jordan Bell y demás juniors esperar sólo un añito más y graduarse, cuando además no parece que se les vayan a rifar precisamente? ¿Son conscientes (hablando de juniors) Melo Trimble o Dillon Brooks de que se han ido a apuntar al draft justo en el momento más bajo de sus respectivas carreras universitarias? ¿Qué han demostrado Briscoe o Humphries, más allá del temor a lidiar otro año más con la competencia que les llega desde el insti? ¿Piensan O.G. Anunoby y (sobre todo) Edmond Sumner que su caché sigue siendo el mismo tras sus respectivas (y graves) lesiones? ¿Cree estar Thomas Bryant suficientemente maduro (madurez psíquica, me refiero) para el baloncesto profesional, cuando no parece estarlo ni para el universitario siquiera? ¿Sabe Juwan Evans lo bien que le habría venido ejercer otro añito más de rey del mambo en Stillwater? ¿Nadie dijo a Tony Bradley que iba a ser piedra angular de los Tar Heels 2018, y que siéndolo bien podría haberse disparado en sus previsiones para ese año? ¿A qué aspira el ex arizónico Chance Comanche, a no ser que se crea que por el mero hecho de tener un nombre tan guay las franquicias van beber los vientos por él? ¿Dónde van (pregunta retórica) Blakeney, Mika, Peak o Kapita? ¿Quiénes son (aún más retórica) Darin Johnson, Josh Robinson, Matt Taylor, Trevor Thompson o Marcus Keene? No es que no lo entienda, creo que dejé muy claro en el segundo párrafo que comprendo perfectamente sus razones, que cada uno tendrá las suyas y muy legítimas serán todas ellas. Pero otra cosa ya es que lo comparta.

Por eso este artículo no pretende ser un reproche (y quién sería yo para reprochar nada), aunque lo parezca, sino más bien todo lo contrario: un sentido homenaje, desde el agradecimiento más sincero, hacia todos aquellos que se lo pensaron dos veces, que no acabaron de verlo claro y que por esa misma razón volverán a hacernos inmensamente felices la temporada que viene: Gracias infinitas a Joel Berry y Theo Pinson (lástima de Bradley, insisto), a Isaac Haas y Vince Edwards (fue un placer, Caleb), a Markis McDuffie y Shaq Morris, a Jaylen Barford y Daryl Macon, a Aaron Holiday y Thomas Welsh (tú sabrás, Anigbogu), a Shaqquan Aaron y Bennie Boatwright, a Drew Eubanks y Stephen Thompson, parejas todas ellas que han devuelto la vida a sus respectivos equipos. Con mención muy especial para esos Shockers que bien podrían debutar en la American y ganarla, todo a la vez.

Gracias infinitas también (pero éstas ya más individualizadas) a Rawle Alkins (miedito da Arizona), Trevon Bluiett, Deng Adel, Ángel Delgado (cada vez más debilidad, por cierto), Jevon Alopecia Carter, Sviatoslav Mykhailiuk (o como se escriba), Hamidou Diallo (así al menos podremos verle antes de irse), Yante Maten (¿les he dicho alguna vez que me encanta ese nombre?), Obi Enechionyia (pues anda que éste), Bashir Ahmed (jugón), John Egbunu, Omer Yurtseven (¿dónde iba?), Tacko Fall (obvio), Justin Jackson (el de Maryland, no el de UNC), Andrew Jones, Johnathan Williams (oxígeno en vena para Gonzaga) o Moritz Wagner, lástima que su cómplice D..J. Wilson no haya sido de su misma opinión. Y a tantos y tantos otros. La NBA se los llevó y la NBA nos los devuelve, aún sin estrenar. Bendita regurgitación.

[Ah perdón, se me olvidaba: un sentido homenaje también (y aún mayor si cabe) a aquellos sujetos que no necesitaron desapuntarse porque ni siquiera llegaron a apuntarse, y ello cuando todo a su alrededor parecía empujarles a que lo hicieran. Con mención especial para el imponente (pero aún muy tierno) aggie Robert Williams, para el renacido de sus cenizas Allonzo Trier y para dos debilidades que a partir de ahora lo serán más todavía: el maravilloso fighting irish Bonzie Colson y el no menos maravilloso spartan Miles Bridges, que habría podido ser de lotería perfectamente pero que decidió no desaprovechar la oportunidad de pasar un año más a la vera de Izzo, cosa que nunca le agradeceremos lo suficiente. Bienaventurados, porque de ellos será el reino de los cielos NCAA la próxima temporada. Y nosotros que lo veamos.]

Imagen: SI