Bendita locura

Bendita locura

Llegó el final de esta bendita locura.

2020 fue un año aciago en muchos sentidos, y para los aficionados universitarios supuso un varapalo extra tras ver como nos arrebataban también el Gran Baile. Tras mucho miedo por fin el torneo se abrió ante nosotros y pudimos volver a sentir ese picorcito, esa sensación única.

 

Baylor Bears, orgullo de campeones

Aún recuerdo hace algunas semanas cuando algunos aficionados trataban de invalidar la temporada de los Bears después de caer derrotados ante Kansas, su primera derrota de la temporada, y llegando de un parón de casi un mes por protocolo COVID-19. Una Baylor que se ha pegado con grandes programas en el non-conference y que ha tenido que sufrir como campeones para hacerse con la temporada regular de una de las Big 12 más exigentes de los últimos años, pero que desde luego les ha curtido para entrar más fuertes a este NCAA Tournament y llegar a la Final Four casi en su mejor momento de la temporada.

Baylor hizo historia. Scott Drew lleva varios años haciendo una labor encomiable en Waco, y aún con bajas en el frontcourt como las de Tristan Clark o Freddie Gillespie ha logrado formar este año un equipo campeón sosteniéndose con una defensa muy agresiva, muchísimo juego exterior y jugadores que -lejos de ser grandes estrellas mediáticas- han tirado más de casta y de trabajo que de talento innato. Han sabido limitar la producción ofensiva de una Gonzaga que llegaba como el mejor ataque de toda la NCAA, y haciendo mucho daño en el tiro exterior ante una Gonzaga que también llegaban como una de las mejores defensas del país. Son los justos campeones y han dominado desde el minuto uno al mejor equipo del país, no hay más.

Sin duda gran parte del éxito del programa, como decía anteriormente, cae sobre los hombros de Scott Drew, un entrenador que no goza de la popularidad ni del éxito de los grandes coaches nacionales. Antes de llegar a los Bears en 2003 -que por cierto venían de un monumental escándalo nacional con pagos a jugadores, abusos de alcohol y de drogas en la plantilla y hasta un caso de asesinato de gran repercusión mediática- ejercía como asistente en Valparaiso a las órdenes de su padre, Homer Drew, siendo durante una temporada entrenador jefe con la jubilación de éste. En Baylor poco a poco fue construyendo unos ideales y una forma de ver el baloncesto donde el componente táctico jugaba un papel fundamental, sacando además a relucir su buena fama como reclutador y formando a chicos que habían pasado más desapercibidos por los radares de los grandes programas de Division I haciendo de ellos buenos jugadores profesionales. Ya no será un entrenador más, ya forma parte de la historia de la NCAA.

Con Jared Butler encontramos al alma de este equipo, un jugador con una historia de reclutamiento bastante curiosa ya que pese a que quería jugar para Baylor sintió que la universidad no pujaba suficientemente fuerte por él, poniéndole la excusa de que tenían ya muchos bases y escoltas en el equipo. Se comprometió con Alabama inicialmente, pero la marcha de Jake Lindsey por enfermedad dejó un hueco abierto en el roster, y ahí Butler cambió de parecer y pidió el transfer a Waco. Un golpe de efecto inesperado que ha resultado esencial para el título nacional de Baylor. Liderazgo, gran presencia ofensiva, dirección de juego, certero en el clutch… La piedra angular sobre la que construir un proyecto ganador.

Sus dos grandes lugartenientes, Davion Mitchell y MaCio Teague, iniciaron sus carreras universitarias fuera de Baylor. El primero fue reclutado por Bruce Pearl para Auburn, pero tras un año freshman a la sombra de Jared Harper decidió partir en busca de mejores oportunidades; mientras que Teague llegó tras dos buenísimos años en UNC Asheville, donde su fama de buen tirador le precedía. Ambos han sido vitales para esta Baylor campeona, en especial un Davion Mitchell que se ha destapado este último año como uno de los mejores jugadores del país -y casi por casualidad.

El resto del plantel podríamos agruparlo en dos grandes grupos: los ‘perros de presa’ e intimidadores defensivos y los especialistas en el tiro. Del primer grupo es miembro honorífico Mark Vital, un fornido escolta que por agresividad y tenacidad en la pista juega puntualmente hasta de falso cuatro; y junto a él los dos únicos interiores puros del programa, los africanos Flo Thamba y Jonathan Tchamwa Tchatchoua. Los tres son jugadores que no destacan especialmente por su talento innato para el baloncesto, pero aportan esa intimidación, fiereza reboteadora y demás intangibles defensivos que nunca aparecen en las estadísticas. Y por otro lado destacar las muñecas de Matt Moyer, Adam Flagler y L.J. Cryer, tres microondas capaces de cambiar las tornas de un encuentro con su acierto desde la línea de tres puntos y que han sido igualmente esenciales para dar relevo a los titulares y castigar aún más al rival.

A Gonzaga no le tosió nadie en cinco meses de competición, únicamente UCLA se lo hizo pasar realmente mal en esta Final Four, pero el gen competitivo de esta Baylor fue demasiado para ellos. Y ya sabemos por experiencia que si en esta bendita locura no sales dispuesto a todo el rival te pasa por encima, da igual tu récord o el número de victorias conseguidas durante los meses previos.

 

Gonzaga Bulldogs, el perfecto desconsuelo

La San Francisco de Bill Russell, la North Carolina que destronó a Wilt Chamberlain, la legendaria UCLA de John Wooden y la Indiana del controvertido Bobby Knight. Gonzaga tenía una oportunidad de oro para entrar a formar parte de este selecto grupo de programas históricos que lograron la tan ansiada temporada perfecta. Un esperado 32-0 con el que esperaban quitar la herida que seguía cicatrizando del Championship Game de 2017, donde en esa ocasión fue North Carolina quien evitó el alzamiento de los de Spokane.

El aficionado tiende a desacreditar la buena labor de Mark Few cada temporada por las ‘facilidades‘ que tienen en su conferencia. Gonzaga está incluida en una Mid-Major Conference, eso es una realidad, pero hace muchos años que los Zags dejaron de tener esa etiqueta. A menos que decidan transferirse a una Major -cosa que en principio no se plantea- es verdad que su calendario regular de conferencia es mucho menos exigente que el de programas top de la ACC, Big Ten, Big 12, PAC-12 o SEC, y eso repercute en que su acceso al NCAA Tournament es mucho más asequible y en el Selection Sunday suelen acabar bien posicionados en el cuadro final. Son sus sempiternas ‘facilidades’.

Yo no les voy a quitar mérito porque la realidad es que han sido el bloque más potente por plantilla durante toda esta temporada, y en su non-conference han sabido doblegar a programas como Kansas, Iowa, Virginia o West Virginia, programas top de sus respectivas conferencias este año. Acaban la temporada, además, con el mejor ajuste ofensivo de toda la nación (no hay que olvidarlo, 357 programas en total) y la undécima mejor defensa del país. Son solo números, pero reflejan el espectacular trabajo del equipo durante toda la temporada más allá del balance de victorias y derrotas. Tampoco hay que olvidar que Gonzaga ha tenido -probablemente- uno de los bloques Mid-Majors más potentes de la historia de la competición, con el recruit más valorado de su historia (Jalen Suggs) y otros tres jugadores con muy altas opciones de ser elegidos en los próximos NBA Draft (Timme, Kispert y Ayayi), más allá de ver qué pasa en próximas temporadas con los Nembhard, Watson, Ballo, Strawther y demás, que prometen. Esto para un conjunto Mid-Major es asombroso.

Poco podemos decir nuevo que no hayamos dicho ya sobre Mark Few. Veintidós años de inmaculada trayectoria en Gonzaga -con sus correspondientes veintidós accesos consecutivos al NCAA Tournament, contando el del pasado 2020 al que se clasificaron automáticamente pese a que el torneo final no se disputó- un entrenador metódico, carismático, reclutador de primer nivel y muy querido en una Gonzaga donde lleva prácticamente toda su vida desde que fue contratado como graduate assistant en 1989. En todos estos años suma un porcentaje de victorias del 83.4% (inaudito) batiendo registros históricos en Gonzaga, en la WCC y cada vez más en toda la NCAA.

Y como he contado anteriormente, si Gonzaga ha sido lo que ha sido esta temporada es por sus cuatro grandes puntales. Jalen Suggs llegó como uno de los recruits más interesantes de la camada, pero su rendimiento, desparpajo y explosividad lo han colocado al nivel del mismo Cade Cunningham, aunque en el NBA Draft 2021 parece que el de Oklahoma State tiene todas las de ganar. Su debut en el non-conference y su gran final de temporada -ese triple ante UCLA marcará época- fueron espectaculares. Drew Mustache‘ Timme ha sido la otra gran alegría para el programa, un interior de gran touch y movilidad que pasó de joven promesa a líder ofensivo del programa en sólo una temporada. Ojalá verle un tercer año en Spokane liderando al programa a otra Final Four. También ganó enteros este año Corey Kispert, un alero con una muñeca prodigiosa y que ha demostrado en su último año universitario que no es el jugador unidimensional que muchos apuntaban hasta este curso. No me dejo tampoco al francés Joel Ayayi, un descomunal glue-guy que lo mismo te dirige el ataque, te orquesta el sistema defensivo o se libera como un formidable anotador. Ese tipo de jugadores que todo entrenador desea tener siempre.

Pese a que Few no ha sido nunca entrenador de poseer grandes rotaciones en los partidos, estos Zags tienen mimbres interesantes que pueden hacer de ellos un equipo muy complicado de batir a partir del próximo curso. El base canadiense Andrew Nembhard probablemente regrese para su año senior, y tanto en Florida como este año en los Zags ha demostrado ser una pieza sobre la que girar un equipo entero. El versátil Anton Watson también adquirirá un rol muy protagonista este próximo curso, y ya este año como sexto hombre ha sido pieza fundamental junto al veterano Aaron Cook. Si el resto de internacionales (Oumar Ballo, Pavel Zakharov y Martynas Arlauskas), Julian Strawther y Dominick Harris evolucionan tenemos todavía Gonzaga para rato.

No queda más que lamentarse por la oportunidad perdida y regresar más fuertes el año que viene. Por orgullo y por talento (apuntad el nombre de Hunter Sallis, que llega un hype similar al de Jalen Suggs) los Zags no bajarán los brazos.

 

Epílogo: March Madness 2021

El NCAA Tournament 2021 estará marcado -en mayor medida- por el antológico triple de Jalen Suggs en Final Four, por el ascenso de UCLA desde First Four hasta casi destronar a Gonzaga y por la esperada final entre Zags y Bears. Pero sin duda nos ha dejado momentos increíbles que deben permanecer también en la retina del aficionado para la posteridad. Aquí van algunos de ellos a modo de epílogo final:

Oral Roberts, bendito desconocido
Los Golden Eagles fueron las grandes cinderellas del torneo en esta edición de 2021. En Primera Ronda tiraron del poderío anotador de Max Abmas y Kevin Obanor para aniquilar a Ohio State, pero además ambos jugadores repetirían exhibición ante toda una Florida en la siguiente ronda. Tras derrotar a los Gators sumaron una estadística brutal: 113 de los 156 puntos de Oral Roberts en estos dos primeros partidos del NCAA Tournament llevaban la firma de Abmas y Obanor. El sueño se apagó en Sweet Sixteen, donde Arkansas finalmente acabó por derrotarlos in extremis en un choque donde a punto estuvieron de ser el primer seed #15 en llegar a las finales regionales en la historia del NCAA Tournament.

Johnny Juzang, un nuevo antihéroe Wildcat
Se repite la historia. Al igual que sucedió con Charles Matthews en 2019 defendiendo la camiseta de Michigan, un transfer de Kentucky se convierte en protagonista de las últimas fases del NCAA Tournament. Johnny Juzang se comprometió con Calipari en 2019, pero con Tyrese Maxey e Immanuel Quickley apenas tuvo minutos para demostrar su valía, lo que le hizo regresar a su California natal para probar con UCLA, siendo la pieza decisiva por la que los Bruins lograron avanzar desde First Four hasta casi colarse en el Championship Game. Destacar sus exhibiciones anotadoras ante Michigan y Gonzaga, siendo el segundo jugador de UCLA de la historia con más puntos en un torneo final tras Gail Goodrich. Palabras mayores.

Una de fratricidios, parte I
La universidad de Texas había acabado la temporada a lo grande, alzándose con el Big 12 Tournament y en un estado de forma tremendo. Veteranos como Andrew Jones o Matt Coleman disparaban a los Longhorns, jóvenes como Greg Brown o Kai Jones habían tenido participación contrastada durante toda la temporada y Shaka Smart se sentía respaldado por los aficionados y la administración. Pocos cabían esperar que una humilde universidad texana como Abilene Christian, que sumaba su segunda participación en el NCAA Tournament de toda su historia, acabarían con el gigante Longhorn en una de las historias más increíbles de este March Madness. Joe Pleasant, héroe sin capa.

Una de fratricidios, parte II
No os voy a engañar si os digo que la universidad de Illinois fue una de las grandes decepciones del torneo para mi. Seed #1 del NCAA Tournament tras un enorme final de temporada, tuvieron como rival en Segunda Ronda a la vecina Loyola-Chicago, que como en temporadas anteriores venían con el místico halo de 2018 sobre sus espaldas, pero poco tenían que ver con el mítico equipo que llegó a Final Four. Cameron Krutwig campó a sus anchas pese a la resistencia puesta por Kofi Cockburn, pero ni Ayo Dosunmu ni Trent Frazier estuvieron a la altura. Una decepción más para Brad Underwood.

La conferencia devaluada
Decían los fans de Oregon que Dana Altman volvería a llevar a los Ducks a la Final Four este año pese a no tener una plantilla tan ostentosa como la de 2017, pero lo que no se esperaban es que fueran sus archirrivales Beavers los que tuvieron muy a mano esa clasificación. Campeones contra pronóstico de la PAC-12, destriparon las esperanzas de Tennessee, impidieron a los fans de la NBA ver más partidos de Cade Cunningham y acabaron con una Loyola-Chicago que se había venido muy arriba tras vencer a Illinois antes de caer con honores ante Houston. Si a Oregon State sumamos el espectacular torneo realizado por UCLA, la presencia de Oregon en Sweet Sixteen y la de USC hasta la misma Elite Eight… Igual la PAC-12 no estaba tan devaluada como pensamos.

 

Imagen: Baylor University

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