El legado de Duke

El legado de Duke

«Tiene 33 años. Yo tenía 33 años cuando llegué aquí. Es uno de los entrenadores más inteligentes del país. Nadie lo sabe tan bien como yo. Y los jugadores también lo saben«. Así de contundente fueron las primeras palabras de Mike Krzyzewski sobre su legado y su próximo sustituto Jon Scheyer.

(Por cierto, ¿soy el único que flipó al ver a Coach K entrando en la rueda de prensa donde confirmaba su adiós a ritmo de «Every time we touch«?).

No voy a entrar a valorar la vida y la trayectoria de Coach K durante tantos y tantos años en la élite del baloncesto. Ya no hablo solo de Duke, sino también de la selección norteamericana, y de todo lo que representa Krzyzewski para el mundo del deporte universitario. Sin exagerar, estamos cerca del adiós de la figura baloncestística universitaria más importante de la historia desde John Wooden. Ya llegarán sus particulares homenajes, y por seguro la NCAA, la ACC y la propia Duke le harán un sinfín de homenajes durante su última temporada al frente del banquillo Devil. Es hora de valorar el brutal cambio que se viene encima de Duke con su apuesta por Jon Scheyer.

Si eres un poco perro viejo como aficionado de baloncesto universitario, seguro conocerás su historia como jugador. Leyenda de Duke, miembro de la plantilla campeona nacional de 2010, capitán del equipo, líder en la pista… Scheyer no era solo carisma, un líder ni la extensión de Coach K en la pista, sino también era uno de los jugadores con mayor visión de juego, gran IQ y una muñeca extraordinaria de todo el estado de Illinois. No era raro que programas históricos como Arizona, Duke, Illinois, Marquette o Wisconsin pugnarán por él. Pese a sus ganas por jugar para su Illinois natal, y que su entrenador de High School era David Weber -hermano del entonces entrenador de los Fighting Illini, Bruce Weber- apareció en escena el gran Chris Collins, también ex-jugador de Duke y pieza fundamental del recruiting de Coach K para Duke durante muchos años, para llevárselo a su terreno. Collins, formado en el mismo Glenbrook North de Illinois que Scheyer, le puso rápidamente las cartas sobre la mesa: «Eres el tipo de jugador que sale a ganar, y que quiere dejar un legado aquí con un campeonato. Y Duke es el lugar que te brinda la mejor oportunidad para jugar una Final Four«. Y así fue.

Pero pese a su gran trayectoria como jugador universitario, lo suyo eran los banquillos. Probó como jugador a nivel profesional durante varios años en ligas de verano en la NBA, la G-League y hasta alguna incursión europea como en Maccabi Gran Canaria, pero tras apenas tres años como jugador profesional decidió regresar al regazo de Mike Krzyzewski, donde en 2014 comenzaría su formación como asistente de Duke… hasta prácticamente el día de hoy. Incluso, tuvo la oportunidad de debutar como entrenador de la propia Duke esta última temporada sustituyendo al propio Krzyzewski cuando tuvo que quedarse en casa por protocolo COVID-19 ante Boston College durante el calendario de la ACC.

Se da la curiosa circunstancia de que este mismo verano tanto Duke como North Carolina anunciaron las marchas de sus míticos entrenadores -aunque a Coach K le quede un último baile- y las apuestas por uno y otro candidato son notables. Ambos ofrecen proyectos continuistas dejando el equipo en manos de sus pupilos preferidos, si bien Hubert Davis presenta una dilatada carrera como analista universitario, una sólida presencia comunitaria en todo el estado de North Carolina y casi una decena de años como mano derecha de Roy Williams -además de muchos años de experiencia como jugador profesional en la NBA- el curriculum de Scheyer está casi vacío. Sí que es verdad que ha trabajado muy duro en el recruiting -fue clave en la captación y desarrollo de jugadores como Luke Kennard, Tre Jones R.J. Barrett– y en el día a día con los chicos, pero a partir de ahora se asoma a un abismo que tiene que gestionar él solo.

Hasta hace muy poco tiempo pocos pensábamos que Scheyer fuese a ser una opción válida para sustituir a Coach K, sobre todo teniendo en cuenta la gran cantidad de pupilos de gran experiencia que tiene actualmente en el baloncesto universitario: Jeff Capel, Bobby Hurley, Tommy Amaker, Chris Collins, Steve Wojciechowski, Mike Brey, Johnny Dawkins y hasta Quin Snyder si nos vamos a la NBA. Todos -salvo Snyder- entrenando en la NCAA y con un curriculum más que envidiable. Entrenadores que se han hecho -mas o menos- un nombre del baloncesto colegial, sentando las bases de programas universitarios de renombre durante muchos años, sentando unas bases de reclutamiento en la zona donde militan sus respectivas universidades y siendo parte esencial en sus programas comunitarios. Solo la experiencia, el trabajo y su carisma podrá hacer que el joven Jon Scheyer -recordemos, únicamente 33 años- pueda seguir los pasos de su mentor y engrosar la lista de pupilos formados al amparo de Coach K que han tenido éxito como entrenadores universitarios de pleno derecho.

Ya Mike Krzyzewski lo advirtió con su particular tono jocoso durante la rueda de prensa: «Solo espero que Jon no siga la línea de mis primeros tres años aquí en Duke«. Sus récords fueron de 17-13, 10-17 y 11-17. Luego, afortunadamente, la línea fue ascendente como ya todos sabemos.

 

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