Overtime Elite, una nueva competencia para la NCAA

Overtime Elite, una nueva competencia para la NCAA

La NCAA obtiene millones de dólares en beneficios cada año que van a parar a las diferentes escuelas para el curso siguiente. Mejoras educativas, mejoras en el sistema de becas, mejores en las instalaciones de las universidades… pero de momento ni un centavo va a parar a manos de los estudiantes-atletas que son los que representan a cada universidad y a la propia NCAA en una pista, una cancha, un estadio o un circuito.

El sistema se queda obsoleto con el paso de los años mientras crece el enfado entre jugadores y ex-jugadores que reclaman una compensación económica a estos estudiantes-atletas a raíz del gran beneficio que obtiene la NCAA por la explotación de su imagen o sus nombres. Mientras tanto, nuevas alternativas profesionales van surgiendo de manera paralela en lo que a baloncesto se refiere mientras la NCAA se lo sigue pensando.

 

Overtime Elite, un nuevo golpe a la NCAA

Pese a la presión ejercida desde hace tiempo por parte de algunos estados a través de sus propios gobernadores y la ejercida desde el pasado año con la creación del proyecto G-League Ignite por parte de la NBA, la NCAA sigue ‘missing‘. Jugadores, ex-jugadores y aficionados no cesan de pedir al organismo deportivo una regulación acorde y sensata para los estudiantes-atletas que les permita beneficiarse económicamente de la explotación que hace la propia NCAA sobre sus nombres, su imagen y prácticamente sobre todos los aspectos relacionados con su calidad de estudiante-atleta, donde la NCAA ingresa sustanciales beneficios cada temporada.

Hace aproximadamente un año la NCAA dejó entrever que daría su brazo a torcer, que aceptaba lo obsoleto que están sus estatutos actuales de cara a una posible reforma que permita a los estudiantes-atleta obtener algunos ingresos económicos durante su etapa en la universidad. Sin embargo, la pandemia por COVID-19 ha retrasado todo, ya que en teoría el comité universitario se iba a reunir el pasado mes de septiembre y también en enero, pero la mala situación en Estados Unidos estos últimos meses -ahora por fortuna ya ha mejorado- hizo que ambas reuniones fueran canceladas y pospuestas. Estamos ya en mayo, pero de momento no hay noticias de que este tema vuelva a retomarse.

Como pasó con el G-League Ignite, la NCAA vuelve a dormirse en los laureles, y esto ha provocado que sigan abriéndose nuevas opciones profesionales para las futuras estrellas de la NBA que desean obtener créditos económicos por su esfuerzo y trabajo jugando a baloncesto, aunque esta vez parece que la problemática va a ser incluso mayor: una liga profesional de baloncesto para jugadores menores de edad. Eso es lo que propone la nueva Overtime Elite, una competición de baloncesto para jóvenes estrellas de High School de entre 16 18 años de edad que les permitirá formarse y acondicionarse como si de jugadores profesionales se trataran a la vez que siguen percibiendo lecciones académicas en el instituto. Y, desde luego lo más importante para las jóvenes promesas, les permitirá obtener un salario de seis cifras por participar en la competición (se habla de $100,000).

Esta Overtime Elite estará liderada por el ex-ejecutivo NBA Aaron Ryan como comisionado, pero uno de los abanderados de este proyecto será el entrenador y ex-jugador NBA Kevin Ollie, quien fuera también campeón universitario con la universidad de Connecticut hace unos años, quien servirá como entrenador de alguno de los equipos y actuará también en condición de director de desarrollo de jugadores de la competición. La idea de esta competición, según ha comentado el vicepresidente ejecutivo de esta Overtime Elite Brandon Williams a ESPN hace unas semanas, es la de ofrecer un programa de ‘mentoring‘ y tutorización académica y deportiva a jugadores élite de High School para formar a estos jugadores de cara a un futuro profesional en la G-League o en otra competición y prepararse para el NBA Draft. Para ello, esperan que estos equipos puedan enfrentarse frente a equipos de baloncesto de Prep Schools y ante equipos internacionales durante una temporada completa, a la vez que los jóvenes jugadores se ven beneficiados económicamente por el uso que la competición haga de su imagen, su nombre, la venta de merchandising o de los ya famosos NFT (tokens no fungibles).

 

La NCAA y su obsolescencia programada

El golpe propinado por la NBA a la NCAA hace un par de años por la creación de la G-League fue -aparte de un golpe de efecto mediático importante por parte de Adam Silver y Shareef Abdur-Rahim- un gancho inesperado al mentón del organismo deportivo que no terminaba -ni termina- de hacer frente al cambio generacional que estamos viviendo hoy en día. Pilló desprevenido, lo podemos entender, pero desde entonces (hablamos de 2018) no se han realizado acciones por su parte para mejorar la situación pese a la insistencia de jugadores y ex-jugadores de baloncesto de que el sistema debe cambiar. Y la creación de esta Overtime Elite para captar futuros jugadores profesionales a edades muy tempranas y evitarles su paso por la universidad no es más que una nueva consecuencia de la inanición de la NCAA.

Esta Overtime Elite puede hacer mucho más daño a la NCAA de lo que pensamos. Detrás de ella hay un potente fondo de inversores del que forman parte personalidades como el fundador de Amazon Jeff Bezos, el cantante Drake, jugadores de la NBA como Kyle Lowry, Trae Young, Klay Thompson o Devin Booker e incluso jugadoras de la WNBA como Chiney Ogwumike.

«En los círculos de baloncesto se ha hablado mucho a lo largo de los años sobre la renovación de un sistema roto«, dijo Kevin Ollie cuando fue presentado el pasado mes de abril. «Hoy, los grandes prospects de High School rebotan de escuela en escuela. Los padres pagan mucho dinero para que sus hijos puedan viajar y participar en competiciones de alto nivel. La educación a menudo no es una prioridad. Los prospects ingresan a profesionales sin la capacitación profesional necesaria para carreras exitosas en el siguiente nivel y carecen de conocimientos empresariales para saber cómo mantener y lidiar con su propia economía«.

Además, la competición tiene el ‘visto bueno’ por parte de la NBA. No hace mucho Adam Silver relataba en una entrevista durante el pasado All-Star Weekend que «si los jugadores jóvenes pueden tener la oportunidad de jugar baloncesto, ganar dinero y educarse al mismo tiempo… creo que en general es bueno para la comunidad tener opciones, especialmente cuando hay personas muy sólidas detrás, lo que parece para ser el caso en esta liga que se acaba de anunciar. Eso es algo a lo que prestaremos mucha atención porque esos jugadores jóvenes son potencialmente el futuro de nuestra liga. Queremos asegurarnos de que tanto dentro como fuera de la cancha reciban la orientación y el asesoramiento adecuados. Pero en general, creo que es bueno para el juego. Se centra más en el juego. Especialmente todo lo que está sucediendo ahora en los medios digitales, las redes sociales, los nuevos servicios de transmisión… definitivamente hay interés en este contenido. Así que estamos prestando atención a ello«.

No hay que olvidar que la NCAA presenta opciones con la que ninguno de estos programas puede competir. Ahora mismo -salvo que las cosas cambien mucho- no hay mayor foco mediático ni de exposición en el baloncesto estadounidense -al margen de la NBA/WNBA- que la NCAA y su March Madness. Ninguna de las opciones profesionales presenta un potencial académico superior del nivel de la NCAA, además de las facilidades que la NCAA presenta para formarse durante su período de elegibilidad como en el futuro. La competitividad que presentan las conferencias Majors en la NCAA no se puede comparar -a priori- con la de programas Prep Schools o programas internacionales no profesionales. Puede que en la G-League sí, pero también hemos visto el rendimiento del equipo Ignite esta última temporada en la G-League (récord de 8-7 y apeados a las primeras de cambio en Playoffs).

Es renovarse o morir… la gran pregunta será conocer si la NCAA no ha llegado demasiado tarde, además de ver cómo estas competiciones siguen afectando a la capacidad de reclutar top prospects en el futuro.

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