Villanova Wildcats, la élite de Philadelphia

Villanova Wildcats, la élite de Philadelphia

Una de las universidades más competitivas de la costa este, y de gran éxito en lo que a baloncesto se refiere, Villanova no ha tenido el hype ni la atención mediática de otros grandes programas deportivos del país, y ha necesitado alcanzar la gloria recientemente con dos campeonatos nacionales casi consecutivos para ponerles en una posición histórica privilegiada.

Jay Wright ha devuelto a la vida al programa de Pennsylvania tras unos años un poco más turbios. Se ha convertido en leyenda universitaria y se le ha postulado para ser miembro del Hall of Fame. Y todavía le queda mucha cuerda por delante.

 

Villanova Wildcats, élite baloncestística

En las proximidades de la ciudad de Philadelphia se agolpa un nutrido grupo de universidades cuyos equipos deportivos se disputan el trono de la ciudad en lo que a deporte universitario se refiere. Son las conocidas como Philadelphia Big 5, cuatro universidades que se distribuyen a lo largo y ancho de la ciudad: Pennsylvania, La Salle, Saint Joseph’s y Temple, y en las afueras de la ciudad se ubica también la universidad de Villanova, en el Main Line. Quizás no tengan la popularidad de las universidades californianas, el asentamiento deportivo de las universidades texanas o el renombre a nivel baloncestístico de las del estado de Indiana, pero hablamos de una ciudad que atesora a 4 de las 40 universidades con más victorias de la historia de la NCAA Division I de baloncesto. Y también la única ciudad que atesora a dos campeones nacionales de diferentes universidades.

Justamente de una de ellas vengo a hablar hoy. La universidad de Villanova ha tenido históricamente un prestigio enorme a nivel baloncestístico, y casi desde sus inicios fue considerada uno de los programas más prolíficos del país. Ya en los años 30 había jugado una Final Four con el primero de sus entrenadores ilustres, Alex Severance, profesor que impartía clases de Derecho en la universidad a la vez que hacía historia con el programa de baloncesto de la universidad, sumando más de 400 victorias en sus 25 temporadas al frente y formando a grandes jugadores NBA como Paul Arizin, Larry Hennessy o Bob Schafer. En la década de los 60 era Jack Kraft quien llevaría las manijas del programa, donde estuvo 12 años al frente llevando a Villanova a 6 presencias en el NCAA Tournament y 5 más al NIT -recordemos que por entonces el NIT tenía tanto o más prestigio que el propio NCAA Tournament- coincidiendo también con la época dorada de UCLA en el baloncesto universitario. Mención especial a su temporada 1970-71 donde el equipo conseguiría su récord histórico de victorias por entonces (27), pero la NCAA acabaría suspendiendo a Villanova después de que su estrella -Howard Porter- firmase un contrato profesional con un equipo de la ABA durante la temporada.

El puesto de Kraft sería recogido en 1973 por el asistente de Pennsylvania Rollie Massimino, quien se convertiría en uno de los entrenadores más laureados de la historia del baloncesto universitario tras haber aprendido de Chuck Daly durante un año en los Quakers. Además de sus más de 350 victorias y de formar a mitos como John Pinone o Ed Pinckney, Massimino será recordado por conseguir el primer título nacional de su historia para Villanova en 1985, un histórico NCAA Tournament en el que entraban como seed #8 y acabaron sumando upset tras upset hasta que derrocando a la Georgetown de Pat Ewing en la gran final. Los últimos años de Massimino y una época un tanto irregular de uno de sus pupilos, Steve Lappas, hizo que Villanova pasase más a un segundo plano, y más en una Big East que cada año que pasaba era cada vez más exigente.

 

Jay Wright y la gloria contemporánea

También natural de Pennsylvania, Jay Wright pronto estuvo asociado a la universidad de Villanova de mano de su gran mentor, Rollie Massimino, quien le tuvo en su staff durante cinco años y también se lo llevó a UNLV otros dos años cuando fue a sustituir en el banquillo a otro mítico entrenador como Jerry Tarkanian, un Tarkanian que ya veía venir el buen futuro del entonces asistente: «I think Jay is the best young coach in the country«, llegó a afirmar a periodistas del Las Vegas Review-Journal.

Wright regresaría a la costa este -tras el mal sabor de boca en Las Vegas- con su primera oportunidad como entrenador jefe en la universidad de Hofstra, programa neoyorkino que llevaba muchos años anclado en malos resultados tanto en la North Atlantic Conference como en la America East posteriormente. Una universidad pequeña dentro de una conferencia pequeña donde Wright podría curtirse y aprender dirigiendo todos los hilos del programa. Y no tan lejos de casa. Wright estuvo 7 temporadas en los Pride, aunque fueron sus tres últimas campañas las que de verdad le consagraron como un entrenador de gran nivel: en 1999 llevó al equipo al NIT tras una temporada de 22 victorias, dirigidos por Speedy Claxton Norm Richardson, y dos accesos consecutivos al NCAA Tournament -competición a la que no accedían desde hace más de 25 años- con el propio Claxton, Richardson y el puertorriqueño Rick Apodaca.

Las mediocres últimas temporadas de Steve Lappas en Villanova hizo que la universidad finalmente decidiese dar un cambio de rumbo, contratando en     2001 a Wright. Después de llevar a los Wildcats al NIT en su temporada de debut, Wright empezó a dar buena cuenta de su buena mano para el recruiting trayendo a una de las mejores clases de reclutamiento de Villanova en muchos años, con Randy Foye, Allan Ray, Curtis Sumpter o Jason Fraser. Al año siguiente se uniría Mike Nardi, y en 2004 lo haría Kyle Lowry en un año donde Villanova volvería a renacer de sus cenizas como antaño llegando hasta el Sweet Sixteen para caer in extremis (66-67) ante la North Carolina de Sean May, Raymond Felton y Marvin Williams que serían campeones nacionales ese mismo año. En 2006, con Foye y Ray como capitanes, Lowry como estrella en la sombra y Nardi apuntando un backcourt tan letal como bajito, Villanova firmaría un balance histórico de 28-5, incluido un 14-2 en una Big East muy potente para ser seed #1 en el March Madness por primera vez en su historia. Volverían a repetir lo mismo que el año anterior, siendo derrotados por el futuro campeón de la competición, la Florida de Joakim Noah, Al Horford y Corey Brewer, aunque esta vez avanzarían hasta Elite Eight.

2008 volvería a poner a Villanova en el candelero con una nueva generación de oro, con míticos nombres como los de Scottie Reynolds, Corey Fisher, Dante Cunningham, Corey Stokes o Dwayne Anderson. Su camino por el Madness fue exagerado: UCLA, Duke y Pittsburgh acabaron mordiendo en polvo ante los de Jay Wright, regresando por primera vez a una Final Four desde el título de Massimino en 1985. Pero de nuevo se encontraron con North Carolina, los Tar Heels campeones de Tyler Hansbrough y Ty Lawson. No había suerte para los de Philadelphia. Gran parte del equipo regresó un año más tarde, con añadidos prometedores como los de Maalik Wayns, Mouphtaou Yarou o Dominic Cheek, pero la Saint Mary’s de Matthew Dellavedova y Omar Samhan les propinaron un duro golpe que acabaría con el ciclo generacional.

La clase de 2013 sentaría las bases de lo que sería la Villanova que conocemos todos hoy en día. Josh Hart y Kris Jenkins eran reclutados ese verano por Wright, dos jugadores del área de Maryland que pasaron desapercibidos de entre los grandes programas nacionales, formando un grupo de chicos muy interesante junto a Ryan Arcidiacono, James Bell, Darrun Hilliard, Daniel Ochefu o JayVaughn Pinkston. Las 33 victorias de 2015 no hizo más que pronosticar la tormenta que estaba por desatarse en 2016. Con Wright sumando una clase de reclutamiento estelar con Jalen Brunson, Mikal Bridges y Donte DiVincenzo -este último aún sin apenas oportunidades en la rotación, pidiendo el redshirt- lograron el espero campeonato nacional, resarciéndose además en la gran final ante una North Carolina que le había parado los pies años atrás. Y de paso, con una canasta de Kris Jenkins que quedó marcada para la historia del aficionado universitario.

El año en que defendían título nacional no estuvieron muy lejos de lograrlo. Hart y Jenkins volvían para un último baile, Brunson y Bridges ya encabezaban la nueva generación, DiVincenzo empezaba a mostrar la pasta de la que estaba hecho y además Wright se había traído a Eric Paschall vía transfer. Número uno nacional en preseason, durante toda la temporada, campeones de la Big East… pero al final Nigel Hayes, Ethan Happ y Bronson Koenig sumaron un inesperado upset para Wisconsin en Segunda Ronda. Un palo enorme para Villanova después de 32 victorias. Pero lejos de amedrentarse, y sin tiempo a lamentarse, Villanova volvió a lo más alto un año después con Jalen Brunson ya consagrado como el mejor jugador universitario del año, Mikal Bridges y Donte DiVincenzo como claros futuribles NBA, Phil Booth y Eric Paschall aportando experiencia y trabajo por todas partes y un joven Omari Spellman al que le bastó un único año para mostrar su tremendo potencial. Jay Wright lo volvía a hacer, había vuelto a formar un equipo campeón a base de trabajo y confianza. Dos títulos en tres años le habían valido definitivamente para ser considerado uno de los mejores entrenadores de todos los Estados Unidos.

Jay Wright ha sentado cátedra en Villanova, como también lo han hecho históricos entrenadores universitarios como Mike Krzyzewski, Tom Izzo, Jim Boeheim, John Calipari o Bill Self. No sé cuantos años más seguirá en el programa, pero desde luego ya es leyenda del baloncesto colegial, además ahora con propiedad con su reciente candidatura al Hall of Fame.

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